Sábado Santo. Lectura del día y reflexión Profesor Ramón Fuenzalida

SÁBADO SANTO, 3 DE ABRIL DE 2021

Evangelio  Marcos 16, 1-7


1
 Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarle.

2 Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro.
3 Se decían unas otras: « ¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?»
4 Y levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande.
5 Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron.
6 Pero él les dice: «No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron.
7 Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.»

PALABRA DEL SEÑOR

 

REFLEXIÓN SÁBADO SANTO, PROFESOR RAMÓN FUENZALIDA

 

CELEBRACÓN FAMILIAR DE LA VIGILIA PASCUAL

Las mujeres van a hacer una visita de afecto o inspección. Un dramatismo consciente en el narrador impregna la escena. Un súbito temblor de tierra anticipa un giro inesperado de los acontecimientos. Para evocar el misterio, Mateo emplea imágenes sorprendentes, como la conmoción producida en los elementos de la naturaleza. Luego se limita a presentar los hechos humanamente accesibles como el temblor de tierra, la tumba vacía y las apariciones del Resucitado a las mujeres y a los discípulos.

Del sepulcro vacío parten dos mensajes: el de las mujeres, convertidas en mensajeras de la resurrección, y el de los guardianes del sepulcro, que se dirigen a los sumos sacerdotes para comunicarles lo ocurrido. El hecho cierto es que el sepulcro está vacío; esto lo admiten todos, pero las explicaciones son diversas. Mateo recoge dos posibilidades y las expone con gran neutralidad, al menos aparentemente: el robo del cadáver o la resurrección. Las apariciones en las que se menciona el paulatino reconocimiento del Resucitado tienden a asegurar la íntima conexión entre los momentos de muerte y resurrección.

Es interesante notar que son dos mujeres las encargadas de realizar el primer anuncio de la resurrección. Teniendo en cuenta que en aquella cultura el testimonio de una mujer no era considerado válido, llama la atención el hecho de que los evangelistas relacionen unánimemente el descubrimiento de la tumba vacía con estas mujeres. Lo que ocurrió en aquel momento sigue ocurriendo hoy. La resurrección de Jesús no es un hecho comprobable, sino un hecho sobrenatural admisible únicamente desde la fe. Cuando se cierra el corazón a la fe, la resurrección pasa automáticamente al terreno de la leyenda. Para un cristiano, la resurrección es el fundamento de su fe. Pablo dice que si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. 

RITOS INICIALES

  • En torno al altar preparado, con una Biblia que tenga indicada la lectura que se leerá (Mt 28, 1-10), una vela o cirio apagado, puede haber, en la medida de lo posible, una fuente con agua bendita o sólo agua, como signo del agua del bautismo. Se reúne la familia en silencio. Todos deben tener una vela para la renovación de las promesas bautismales. La casa, en lo posible con las luces apagadas. El papá, la mamá u otra persona idónea preside la celebración. Todos se signan con la señal de la cruz diciendo:

  • Con la letra (M) se indica a quien preside la celebración, (T) todos y (L) el lector del evangelio.

  • T. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Un niño(a) u otra persona idónea pregunta a quien dirige la celebración:

¿Por qué esta noche es diferente a todas las otras noches?

Quien preside (M) responde:

M. Querida familia: en esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, dispersos por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Celebremos, pues, juntos, la Pascua del Señor, escuchando su Palabra, con la esperanza cierta de participar también en su triunfo sobre la muerte y de vivir con él para siempre en Dios.

Quien preside enciende el cirio del altar, que representa a Cristo luz del mundo, dice o se canta:

M. Luz de Cristo.

T. Demos gracias a Dios.

M. Dios nuestro, que por medio de tu Hijo nos has dado de tu luz, te pedimos que santifiques este fuego nuevo y concédenos que, por esta celebración pascual, seamos de tal manera inflamados con deseos celestiales, que podamos llegar con un corazón puro a la fiesta de la luz eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

T. Amén.

  • Todos canta o recitan el himno de gloria, mientras se encienden la luz.

    Si no se canta el himno de gloria, se recita el texto a continuación.

    Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
    Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
    Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

Quien preside (M) dice:

M. Querida familia: Habiendo escuchado el hermoso pregón que nos anunció las Pascua de Cristo, los invito a oír con recogimiento la Palabra de Dios. Meditemos con la Palabra de Dios cómo Dios nuestro Padre envió al mundo a su Hijo para que nos redimiera. Una persona idónea, de pie, proclama la lectura del Evangelio:

L. Lectura del Evangelio según San Mateo (Mt 28, 1-10)

Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. De repente se produjo un violento temblor: el Ángel del Señor bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de la entrada y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve. Al ver al Ángel, los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: "Ustedes no tienen por qué temer. Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto, pero vuelvan en seguida y digan a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se lo dije todo."

Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos. En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: "Paz a ustedes." Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. Jesús les dijo: "No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán."

Palabra del Señor

Terminada la proclamación del Evangelio todos toman asiento.

M. Los evangelios han recogido el recuerdo de unas mujeres admirables que, al amanecer del sábado,

se han acercado al sepulcro donde ha sido enterrado Jesús. No lo pueden olvidar. Le siguen amando

más que a nadie. Mientras tanto, los varones han huido y permanecen tal vez escondidos.

El mensaje que escuchan al llegar es de una importancia excepcional. El evangelio de Mateo dice así:

«Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto». Es un error buscar a Jesús en el mundo de la muerte. Está vivo para siempre. Nunca lo podremos encontrar donde la vida está muerta. Entonces, ¿dónde lo podemos encontrar? Las mujeres reciben este encargo: «Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán» ¿Por qué hay que volver a Galilea para ver al Resucitado? ¿Qué sentido profundo se encierra en esta invitación? ¿Qué se nos está diciendo a los cristianos de hoy?

En las orillas del lago de Galilea se fue gestando la primera comunidad de Jesús. Sus seguidores viven junto a él una experiencia única. Su presencia lo llena todo. Él es el centro. Con él aprenden a vivir acogiendo, perdonando, curando la vida y despertando la confianza en el amor insondable de Dios. Si no ponemos cuanto antes a Jesús en el centro de nuestras comunidades, especialmente de nuestra familia, nunca experimentaremos su presencia en medio de nosotros. Si volvemos a Galilea, la «presencia invisible» de Jesús resucitado adquirirá rasgos humanos al leer los relatos evangélicos, y su «presencia silenciosa» recobrará voz concreta al escuchar sus palabras de aliento.

Por tanto, Galilea es el lugar del primer encuentro, el lugar donde conocí a Jesús, supe de él, podría ser un momento, las enseñanzas de alguien (mi madre o abuela, por ejemplo), la iglesia, el colegio, etc.

Revisando mi vida: ¿dónde y cómo conocí a Jesús? ¿dónde puedo encontrarme con Jesús hoy?
Como familia: queremos ir, como los discípulos, hacia Galilea al encuentro con el resucitado, y si queremos, ¿cómo hacerlo?

Al terminar se puede dejar un breve momento de silencio.

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO

M. Les invito a ponernos de pie. Por medio del Bautismo, hemos sido hechos participes del misterio pascual de Cristo; es decir, por medio de este Sacramento, hemos sido sepultados con él en su muerte para resucitar con él a la vida nueva. Por eso, culminado nuestro camino cuaresmal, es muy conveniente que renovemos las promesas de nuestro Bautismo.

  • Del cirio del altar todos encienden sus velas.

  • Quien preside (M) pregunta:

    M. ¿Renuncian al Demonio?
    T. Sí, renuncio.
    M. ¿Renuncian a todas sus obras?
    T. Sí, renuncio.
    M. ¿Renuncian a todos sus engaños?
    T. Sí, renuncio.
    M. ¿Creen en Dios, Padre todopoderoso, ¿creador del cielo y de la tierra? T. Sí, creo.

    M. ¿Creen en Jesucristo, su Hijo único, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, ¿resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?
    T. Sí, creo.
    M. ¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

    T. Sí, creo.

Quien preside concluye diciendo:

M. Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos liberó del pecado y nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos conserve en su gracia unidos a Jesucristo nuestro Señor, hasta la vida eterna.
T. Amén.

Todos juntos rezan la siguiente antífona o entonan un canto adecuado.

T. Vi brotar agua del lado derecho del templo, aleluya.
Vi que en todos aquellos que recibían el agua, surgía una vida nueva y cantaban con gozo: Aleluya, aleluya.

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Quien preside (M) dice:

M. En esta noche de Pascua de Resurrección, elevemos nuestras oraciones hacia Dios Padre. Pidamos por las necesidades de la humanidad, por la Iglesia, por nuestras comunidades cristianas y por nuestra familia.

Uno o varios de los presentes lee(n) las oraciones siguientes.

1. Por las necesidades de la humanidad, en particular Padre, te pedimos para que pueda terminar esta pandemia que nos afecta. Con nuestra fragilidad nos presentamos confiados ante ti. Roguemos al Señor.

T. Escúchanos Señor te rogamos.

2. Por la Santa Madre Iglesia, Pueblo de Dios, para que con nuestras vidas anunciemos sin cesar la Resurrección de Cristo por todo el mundo. En particular oremos por el Papa Francisco y nuestro obispo Jorge Roguemos al Señor.

T. Escúchanos Señor te rogamos.

3. Por los que sufren, quienes están en situación de calle o privados de libertad o enfermos, para que experimenten el consuelo y la alegría de Cristo resucitado en sus vidas. Roguemos al Señor.

T. Escúchanos Señor te rogamos.

4. Por nuestra patria, para que nos esforcemos en construir una sociedad fundada en el amor, la justicia y la paz, donde podamos vivir verdaderamente como hermanos y hermanas. Roguemos al Señor.

T. Escúchanos Señor te rogamos.

5. Por nuestra comunidad parroquial. Para que si bien no podemos estar reunidos celebrando juntos en un templo, estemos unidos en la fe por celebración de la Pascua de Cristo. Así, podamos vivir como hijos(as) de Dios, practicando la bondad y la justicia. Roguemos al Señor.

T. Escúchanos Señor te rogamos.

6. Por nuestra familia, para que Dios nuestro Padre nos regale su bendición y nos ayude a amarnos y perdonarnos unos a otros. Roguemos al Señor.

T. Escúchanos Señor te rogamos.

  • Libremente pueden añadirse otras intenciones.

  • Al terminar, quien preside, dice:
    M. Quédate en medio de nuestro hogar Padre, tráenos la paz de la presencia resucitada de tu Hijo

    T. Amén.

Permaneciendo de pie todos, quien preside motiva la oración del Padre Nuestro, diciendo:

M. Llenos de alegría por ser hijos de Dios, en esta Noche Santa de Pascua, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

T. Padre nuestro, que estás en el cielo... Quien preside dice la siguiente oración:

M. Infunde en nosotros, Padre tu espíritu de amor, para que habiendo celebrado la Pascua de tu Hijo con la escucha orante de tu palabra, permanezcamos unidos en la misma fe y caridad. Por Jesucristo nuestro Señor.
T. Amén.

M. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
T. Amén.

Canto final u oración.

 

 

 

 

Viernes Santo. Lectura del día y reflexión Hna. Eliana Oyarzún

VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR, 2 DE ABRIL DE 2021

Evangelio  Juan 18, 1--19:42


1
 Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos.

2 Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos.
3 Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas.
4 Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?»
5 Le contestaron: «A Jesús el Nazareno.» Díceles: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos.
6 Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra.
7 Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno».
8 Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.»
9 Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno.»
10 Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco.
11 Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?»
12 Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron
13 y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suero de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año.
14 Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo.
15 Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Jesús en el atrio del Sumo Sacerdote,
16 mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro.
17 La muchacha portera dice a Pedro: « ¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?» Dice él: «No lo soy.»
18 Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose.
19 El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina.
20 Jesús le respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas.
21 ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho.»
22 Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: « ¿Así contestas al Sumo Sacerdote?»
23 Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?»
24 Anás entonces le envió atado al Sumo Sacerdote Caifás.
25 Estaba allí Simón Pedro calentándose y le dijeron: « ¿No eres tú también de sus discípulos?» Él lo negó diciendo: «No lo soy.»
26 Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: « ¿No te vi yo en el huerto con él?»
27 Pedro volvió a negar, y al instante cantó un gallo.
28 De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua.
29 Salió entonces Pilato fuera donde ellos y dijo: « ¿Qué acusación traéis contra este hombre?»
30 Ellos le respondieron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado.»
31 Pilato replicó: «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley.» Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie.»
32 Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir.
33 Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: « ¿Eres tú el Rey de los judíos?»
34 Respondió Jesús: « ¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?»
35 Pilato respondió: « ¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?»
36 Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.»
37 Entonces Pilato le dijo: « ¿Luego tú eres Rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»
38 Le dice Pilato: « ¿Qué es la verdad?» Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él.
39 Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos?»
40 Ellos volvieron a gritar diciendo: « ¡A ése, no; a Barrabás!» Barrabás era un salteador.
1 Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle.
2 Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura;
3 y, acercándose a él, le decían: «Salve, Rey de los judíos.» Y le daban bofetadas.
4 Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él.»
5 Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre.»
6 Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: « ¡Crucifícalo, crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él.»
7 Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios.»
8 Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más.
9 Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: « ¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le dio respuesta.
10 Dícele Pilato: « ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?»
11 Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado.»
12 Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César.»
13 Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá.
14 Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey.»
15 Ellos gritaron: « ¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: « ¿A vuestro Rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César.»
16 Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús,
17 y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota,
18 y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
19 Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos.»
20 Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego.
21 Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: "El Rey de los judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy Rey de los judíos".»
22 Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito.»
23 Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo.
24 Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca.» Para que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica. Y esto es lo que hicieron los soldados.
25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena.
26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
27 Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.»
29 Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.
30 Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu.
31 Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado - porque aquel sábado era muy solemne - rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.
32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él.
33 Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas,
34 sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.
35 El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis.
36 Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno.
37 Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo.
39 Fue también Nicodemo - aquel que anteriormente había ido a verle de noche - con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras.
40 Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar.
41 En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado.
42 Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

PALABRA DEL SEÑOR

 

REFLEXIÓN VIERNES SANTO, HNA. ELIANA OYARZÚN

 

 

VIERNES SANTO CELEBRACIÓN EN FAMILIA

Para llevar la Escritura a su cumplimiento, Jesús muere entregando su espíritu. La sed de Jesús está asociada con el Espíritu que va a dar a los creyentes. Jesús desea donar el Espíritu. Juan emplea el mismo verbo que usa para la traición de Judas, por largo tiempo planeada y pensada. Jesús, al irse, entrega su Espíritu a los que creen en Él, a María y al discípulo que están al pie de la cruz. En Lucas, el Espíritu vendrá sobre María y los discípulos en Pentecostés. Para Juan, el Espíritu es el puente que salva las distancia entre el Jesús muerto y resucitado. La primera acción pascual de Jesús será entregar de nuevo su Espíritu a los suyos. La comunidad y el reino de Jesús, más que por reglas y leyes, va a ser guiada por el Espíritu de Jesús, el Espíritu de la verdad.

La última acción que tiene lugar en el Calvario es la apertura del costado de Jesús, de donde manan sangre y agua. El evangelista insiste en que él mismo lo vio, y no miente, ni se engaña, porque para él se trata de una verdad de fe. La sangre y el agua significan los sacramentos: eucaristía y bautismo, que derivan su eficacia de la pasión de Jesús.

En resumen, para Juan, el reinado de Jesús está integrado por personas que lo reconocen como su Rey, permanecen en la unidad, forman una familia con Jesús, son guiados por su Espíritu, y celebran su presencia y memoria a través de ciertos sacramentos.

  • Reunidos en familia en la tarde del Viernes Santo, al caer el sol, se puede realizar esta celebración para recordar la muerte de Jesús por nosotros.

  • En el centro del lugar donde se pueda reunir la familia se coloca una cruz.

  • Todos en silencio. La habitación esta oscura. Uno de los miembros de la familia como introducción dice estas u otras palabras:

     

    P: En esta tarde nos hemos reunido en torno a la cruz para recordar el gran misterio de la muerte de Cristo. Nuestro encuentro es para expresarle nuestro amor y gratitud por haber dado la vida por nosotros.

    No se hace la señal de la cruz.

    1. LITURGIA DE LA PALABRA

    La lectura del evangelio se puede hacer entre tres personas: Narrador (C), Personaje (S) y Cristo (+).

    C: Pasión según san Juan

    C: Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: JESÚS EL NAZARENO, EL REY DE LOS JUDÍOS. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: S. No escribas «El rey de los judíos» sino «Este ha dicho: Soy rey de los judíos».

    C. Pilato les contestó: S. Lo escrito, escrito está.

    C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:

    S. No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quién le toca.

    C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica.» Esto hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

    +. Mujer, ahí tienes a tu hijo. C.

    Luego dijo al discípulo:

    +. Ahí tienes a tu madre.

    C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

    +. Tengo sed.

    C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre dijo:

    +. Está cumplido.


    C
    . E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu

    Se hace un momento de silencio y los que pueden se colocan de rodillas.

    C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

    Se puede comentar en familia el sentido de este evangelio.

    C: juntos comentemos la Palabra del Señor: ¿Qué es lo que más llama tu atención? ¿Qué sentimientos produce en ti el relato de la Pasión?

    Después se hace un momento de silencio.

    2. PADRENUESTRO

    P: Juntos digamos la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre...

    P: Hoy es el único día del año en que no se celebra la misa. Sin embargo, en la liturgia de hoy se da la comunión. Nosotros hoy no podemos recibirla como lo hacemos habitualmente, pero queremos unirnos espiritualmente a ésta. Por eso rezamos juntos:

    Quisiéramos, Señor, recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió María, con el espíritu y fervor de los santos. Creemos firmemente que estás en la Eucaristía, y creemos que estás aquí con nosotros. Queremos guardar y hacer vida la Palabra que hoy hemos escuchado. Ya que no podemos recibirte sacramentalmente, ven espiritualmente a nuestro corazón. Amén.

    3. ORACIÓN FINAL

    P: Gracias, Señor, por mostrarnos el extremo de tu amor por nosotros. Cuídanos y protégenos, especialmente a aquellos que sufren la enfermedad. Renueva nuestra esperanza y nuestra fe, y junto contigo haz que podamos pasar del dolor por la pandemia que vivimos a la vida plena que tú nos ofreces.

     

 

 

Jueves Santo. Lectura del día y reflexión Padre Claudio Varas Arriagada

JUEVES SANTO, 1 DE ABRIL DE 2021

Evangelio  Juan 13, 1-15


1 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
2 Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle,
3 sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía,
4 se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó.
5 Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
6 Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?»
7 Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.»
8 Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.»
9 Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.»
10 Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
11 Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.»
12 Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: « ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
13 Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy.
14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
15 Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.

PALABRA DEL SEÑOR

 

REFLEXIÓN JUEVES SANTO, PADRE CLAUDIO VARAS ARRIAGADA

 

JUEVES SANTO CELEBRACIÓN EN FAMILIA

Con la celebración vespertina del Jueves Santo se da inicio al llamado Triduo Pascual. Por la tarde, se celebra tradicionalmente la misa Cena del Señor, la que este año con motivo de la pandemia no podrá ser celebrada como de costumbre. En esa celebración eucarística, recordamos cada año la institución de la Eucaristía, del Orden Sacerdotal, y el mandamiento del amor fraterno. Queremos invitarles a que, especialmente en este día, la familia que vive en casa se reúna a comer.

Lava los pies a los discípulos.

La segunda parte del evangelio se centra en la hora de Jesús que discurre a lo largo de la «última cena» con el discurso de despedida, el proceso de la pasión, y la resurrección de Jesús. Mientras que el Jesús de la cena a veces aparece glorioso (17,1-13), el Jesús resucitado se presenta con sus llagas y su humanidad, en camino hacia el Padre (20,16s). El diálogo de Jesús con los discípulos progresa por medio de preguntas y malentendidos. El Libro de la Hora de Jesús es introducido con una doble mención de su conocimiento. Sabe que ha llegado su hora, que el Padre lo ha puesto todo en sus manos, y que vuelve a Dios; los discípulos comparten ahora el conocimiento de Jesús. La hora es algo deseado y positivo, una ida de este mundo al Padre. Es hora de humildad y de servicio a los suyos. Pedro, que no había entendido la necesidad de la pasión, no entiende ahora el servicio y sacrificio de Jesús; pero está dispuesto a aceptar todo con tal de no separarse de Él. Este lavado de los pies tiene una dimensión simbólica y sacramental. El Señor y Maestro les ha dado una lección de cómo actuar en la comunidad cristiana. El que busque servir como Jesús será feliz.

1. INICIO DE LA CELEBRACIÒN

  • Se puede preparar un altar o utilizar la mesa de nuestra casa.

  • Antes o después de la cena se procede a celebrar esta liturgia.

  • En esta celebración intervienen quien dirige la oración (M) y todos (T).

  • Quien preside inicia la celebración diciendo:

    M. + En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Se procede a leer la lectura tomada del Evangelio Jn 13, 1 -15

Se recomienda que el texto sea leído de Biblia

2. LECTURA DEL EVANGELIO
L:
Lectura del Santo Evangelio según San Juan.

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. Jesús, por su parte, sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de Dios y que a Dios volvía. Entonces se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los discípulos, y luego se los secaba con la toalla que se había atado. Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?"

Jesús le contestó: "Tú no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás más tarde." Pedro replicó: "Jamás me lavarás los pies." Jesús le respondió: "Si no te lavo, no podrás tener parte conmigo." Entonces Pedro le dijo: "Señor, lávame no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza." Jesús le dijo: "El que se ha bañado está completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos."

Jesús sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos ustedes están limpios." Cuando terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo.

Palabra del Señor

T: Gloria a ti Señor

Pregunta para reflexionar

El lavado de pies es un signo de pertenencia y de misión: ¿Es el servicio algo que nos identifica como familia hoy?

  • Luego se hace un momento de silencio orante para preparar la oración de bendición que seguirá a continuación.

  • Quien preside pronuncia la bendición, a la cual puede agregar los motivos que desee con sus propias palabras:

3. BENDICIÓN

M. Bendito seas Señor, porque eres grande, Y dispones todas las cosas para nuestro bien. Muchas veces has manifestado tu presencia en la historia, tal como la recordamos habitualmente celebrando tu Palabra; Y muchas veces también has mostrado tu cercanía en nuestra propia familia, en momentos de alegría o de sufrimiento.

Aquí se puede aludir explícitamente a esos momentos en que reconocemos su ayuda y su consuelo.

M. Esta noche queremos recordar especialmente lo que Jesús hizo por nosotros. Él mismo, mientras comía con los apóstoles en la última cena, para perpetuar el memorial salvífico de la cruz, se entregó a sí mismo como Cordero inmaculado y sacrificio perfecto de reconciliación. Él mismo, es verdadero y único sacerdote, que al instituir el sacrificio de la eterna alianza se entregó primero a sí mismo como víctima de salvación, y nos mandó ofrecerlo en su memoria. Cuando comemos su Carne, inmolada por nosotros, somos fortalecidos; cuando bebemos su Sangre, derramada por nosotros, somos purificados.

M. Esta noche, en la que no podemos comer su Carne ni beber su Sangre, nos unimos a toda la Iglesia y a sus ministros, de modo que los frutos de esa celebración que ellos realizan sea también alimento verdadero para nosotros y para todos los que habitamos el mundo. Que sea alimento verdadero para...

Se puede agregar las personas que creemos especialmente necesitadas del amor de Dios, particularmente los que están sufriendo más directamente los efectos de la pandemia.

M. Al dejarnos Jesús la institución de la Eucaristía quiso ofrecernos en ella el recuerdo de su amor. Él quiso que ese recuerdo imborrable nos anime a todos nosotros al amor fraterno a amarnos los unos a los otros que estamos aquí reunidos, y amar también a los que hoy no están con nosotros. A amar especialmente a los más desvalidos, a los más pobres, a los que sufren la dureza de la vida, y especialmente a los que sufren la enfermedad en estos momentos. Que el Espíritu de Cristo nos lleve a ofrecernos a ti, Padre bueno, a hacer de nuestra vida una ofrenda de amor a los demás para que un día todos nos encontremos reunidos en el banquete de tu Reino. T. Amén.

M: Digamos con fe y esperanza:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no
nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

M: Le pedimos al Señor que nos bendigas a cada uno de nosotros, + en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. T: Amén.

Canto u oración final

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